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Una de “moderneces”

28 enero 2010

De súbito, impactando en lo profundo del cerebro salta un anuncio que me hace parar, mirar, ver, y entender. Dice: “Lampararios electrónicos. Ahora con billetes también”. ¡Tela! exclamarían por el sur del reino.

Un momento, dos momentos, tres momentos… Paro, pienso, respiro lentamente y no me queda más remedio que actuar. Tiro de diccionario electrónico (www.rae.es ), -a lo mejor es una insana costumbre- y me aseguro de que lo que estaba leyendo no era fruto de mi sueño matutino con ojeras, o por el contrario, de un error informático de esos que hacen curiosas jugadas lingüísticas. Total que descubro, perplejo, tenso… que “lamparario” no existe.

Ummm… Tengo que descubrir tal artefacto que ahora puede ser usado con billetes… ¿Será algún tipo de lámpara de diseño? No sé, por el nombre… Pero más bien parece una manera extraña de llamar a una tienda de lámparas, de esas abarrotadas, abigarradas, atascadas, casi imposibles de existir. Me queda un recurso: internet, el gran baúl de sastre. (No la liemos con el baúl de Sartre ni cosas semejantes). Pues vamos a buscar… chop, chop, chop: 1.970 resultados básicos de algo inexistente.

Con la curiosidad que aún me queda accedo hasta el íntimo interior de alguna de esas páginas para descubrir el invento sin nombre. ¿Qué es? ¡Ay Dios para este breve viaje tanta alforja! Pásmese usted: resulta ser el invento eclesiástico cristiano.. El soporte de las “lamparillas”; de aceite hace muchos años, luego individuales de cera y ahora eléctricas. (http://www.lampararioselectronicos.110mb.com/, por ejemplo). (Permítaseme estas licencias porque el fuego y la oscuridad son “algo” anteriores al “invento judeo-cristiano. Será por eso lo de las limosnas “obligatorias” para que funcione el chisme).

Total, vayamos pensando en incorporar una nueva palabra al diccionario que, por cierto tiene bastante lógica. Y a este respecto, se me está viniendo a la memoria el lío que se montó con la palabra “casete”. En el español de España servía para definir el contenedor (traducción más afortunada) y además el aparato reproductor. La reacción natural del español americano fue llamar al contenedor de cinta “casete” y al reproductor “casetera”.  Son las reacciones naturales del lenguaje lejos de los neologismos y barbarismos usados sin piedad por “profesionales” y otros. Resumirían este razonamiento de uso diciendo que realmente queda muy “cool”. -¡Ya os vale!-

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