Archive for the ‘Lenguaje’ Category

Ni en verano

18 agosto 2010
No tengo palabras

Ortografía veraniega


A partir de esta foto que nos han enviado amablemente; -si, perfectamente cursi esta manera de comenzar-, queremos intentar reflexionar a cerca del estado del analfabetismo nacional. Por cierto, ahora más que nunca eso de nacional es cuestión de todos gracias al balompié. (-Ummm, seguro nadie esperaba esto del balompié  cuando a diario nos machacan los “ilustrados” con el “basket”).

Decía que es cosa nacional ya que da igual por donde andes te encuentras un cartel semejante al retratado; demostración palpable del estado de la cosa. En este momento, la cosa del analfabetismo básico, funcional y en breve tecnológico.

Sin meter el dedo en la llaga del culpable del desaguisado o cartel fracasado, si nos da mucho que pensar. -Me inclino a imaginar una persona cuyo habla nativo no es el español por la “r” y la “J” en espejo-.

Desgraciadamente, y esto es lo peor o más grave, nadie se ruboriza, se molesta o se entera del problema. Gracias, entre otros, al lenguaje de la publicidad , -por decirlo con un poco de respeto-, se va empobreciendo el idioma y se va contaminando con palabras de fácil traducción. -Vamos, que hasta el diccionario “ortopédico” de Google lo haría bien. Y son esa dejadez, vagancia, pasotismo, revistidas de modernez las que dinamitan día a día la lengua común.

Mire usted por donde: “testar” y su derivado “testado” (en el sentido de probado) están en proceso de eliminación del diccionario por mucho que se empeñen las farmeceúticas en “testar” “en vida” sus productos.

Ni que decir tiene el “despelote”, como dicen los argentinos, de los signos de admiración o interrogación. Hace tiempo que saltaron de la gramática para tomar vida propia tanto en contenido como en forma gráfica. En este sentido si es más propio del lenguaje del cómic que no del escrito. Hablar a estas alturas del guión ortográfico y el subrayado…

En fin, que ni en verano ganamos para sustos…

Anuncios

Estafas, bobos y avaros II

5 abril 2010

¡Hola otra vez!

Para rematar la faena: que alguien mire un cuaderno básico de gramática española…

!Que tengalas muy buenas! (Disculpe usted, ¿No ha comprado aún teclas con apertura de admiración?, ¿Cuál es el sujeto?)

Actualmente estamos en busca de los coadjutores residentes de Espana. ! (De estas cuatro definiciones que aporta la RAE:  A) Persona que ayuda y acompaña a otra en ciertas cosas. B) Eclesiástico que tiene título y disfruta dotación para ayudar al cura párroco en la cura de alma. C) Entre los regulares de la Compañía de Jesús, el que no hace la profesión solemne. Y d) Hombre que, en virtud de bulas pontificias, tenía la futura sucesión de alguna prebenda eclesiástica y la servía por el propietario. No veo a qué se pueden refererir… (je, je, je). ¿Tal vez a la primera deficnición? ¿Vamos a ayudar a hacer cositas… ilegales, tal vez? -Ay los traductores automáticos. Les echaremos a ellos la culpa.-

Por cierto, la expresión “en busca”, nos recuerda a esas películas del Oeste de los años 60 con malos muy malos… Además del “Arca perdida”, claro.

¿Y el resto del mensaje? Hagamos chistes, no vale para más.

Un saludo

 

Una de “moderneces”

28 enero 2010

De súbito, impactando en lo profundo del cerebro salta un anuncio que me hace parar, mirar, ver, y entender. Dice: “Lampararios electrónicos. Ahora con billetes también”. ¡Tela! exclamarían por el sur del reino.

Un momento, dos momentos, tres momentos… Paro, pienso, respiro lentamente y no me queda más remedio que actuar. Tiro de diccionario electrónico (www.rae.es ), -a lo mejor es una insana costumbre- y me aseguro de que lo que estaba leyendo no era fruto de mi sueño matutino con ojeras, o por el contrario, de un error informático de esos que hacen curiosas jugadas lingüísticas. Total que descubro, perplejo, tenso… que “lamparario” no existe.

Ummm… Tengo que descubrir tal artefacto que ahora puede ser usado con billetes… ¿Será algún tipo de lámpara de diseño? No sé, por el nombre… Pero más bien parece una manera extraña de llamar a una tienda de lámparas, de esas abarrotadas, abigarradas, atascadas, casi imposibles de existir. Me queda un recurso: internet, el gran baúl de sastre. (No la liemos con el baúl de Sartre ni cosas semejantes). Pues vamos a buscar… chop, chop, chop: 1.970 resultados básicos de algo inexistente.

Con la curiosidad que aún me queda accedo hasta el íntimo interior de alguna de esas páginas para descubrir el invento sin nombre. ¿Qué es? ¡Ay Dios para este breve viaje tanta alforja! Pásmese usted: resulta ser el invento eclesiástico cristiano.. El soporte de las “lamparillas”; de aceite hace muchos años, luego individuales de cera y ahora eléctricas. (http://www.lampararioselectronicos.110mb.com/, por ejemplo). (Permítaseme estas licencias porque el fuego y la oscuridad son “algo” anteriores al “invento judeo-cristiano. Será por eso lo de las limosnas “obligatorias” para que funcione el chisme).

Total, vayamos pensando en incorporar una nueva palabra al diccionario que, por cierto tiene bastante lógica. Y a este respecto, se me está viniendo a la memoria el lío que se montó con la palabra “casete”. En el español de España servía para definir el contenedor (traducción más afortunada) y además el aparato reproductor. La reacción natural del español americano fue llamar al contenedor de cinta “casete” y al reproductor “casetera”.  Son las reacciones naturales del lenguaje lejos de los neologismos y barbarismos usados sin piedad por “profesionales” y otros. Resumirían este razonamiento de uso diciendo que realmente queda muy “cool”. -¡Ya os vale!-

El penúltimo eufemismo (I)

27 enero 2010

TumbasNo ha más de una hora que me encuentro un  fax aún caliente con el siguiente texto: “(…) da su autorización (…) siempre que se comprometan a no fotografiar unidades de enterramiento (…)”. El origen, claro, es una empresa funeraria. ¡Ay, Dios! Si las tumbas se denominan “unidades de enterramiento” cómo se denominará a los finados? ¿Unidades fenecidas, unidades inertes, unidades incompatibles con la vida? Espero eufemismos imaginativos…

Lo más triste: es el penúltimo eufemismo. Lo más divertido: las carcajadas que me he echado.